They killed rock criticism
16/02/2026
“Quizás lo que este libro demande para el lector sea la voluntad de aceptar que el mejor escritor de los Estados Unidos fuera alguien que hacía reseñas de discos”. Estas son palabras de Greil Marcus en el prólogo de Psycotics Reactions and Carburator Dung, antología de notas escritas por Lester Bangs.
Greil Marcus fue el primero en ver que el punk no fue tanto un fenómeno musical como un movimiento social, una corriente de pensamiento espontáneo y maximalista, que atacó las mismas raíces de la sociedad que le había dado origen. Eso lo plasma en su libro Rastros de Carmín, un texto apasionante acerca de movimientos culturales y artísticos en el que el autor traza una provocativa “historia alternativa” a partir del nacimiento del punk. “¡Yo soy un anticristo!”: ¿de dónde procedía el aullido de Johnny Rotten, el líder de los Sex Pistols?
De esto se desprende que un verdadero crítico sabe apreciar el momento en que se está dando un acontecimiento. Para que esto suceda, tiene que estar en constante búsqueda. En estos momentos, cuando un movimiento se convierte en fenómeno es ahí cuando aparece en los medios. Antes, había gente despierta que detectaba el huracán sin que éste devastara totalmente la ciudad. Pero los tiempos cambiaron. Por eso, el fin de semana que pasó en el predio ubicado en Santa María de Punilla, le pusieron el cartel de R.I.P a la crítica de rock.
Las semanas previas, mirando los acontecimientos que estaban pasando en el mundo, dos llamaron la atención para el periodismo. Los periodistas que siguen las informaciones del Pentágono fueron expulsados por el gobierno de Trump y en su lugar pusieron a instagramers, generadores de contenidos afines al gobierno republicano. Para que no quedar afuera de esta movida, Jeff Bezos despidió casi a medio plantel de The Washington Post, incluyendo a los cronistas que estaban cubriendo los Juegos Olímpicos de Invierno. Es decir, que es un mal momento para empezar a estudiar, o decir que uno es trabajador de prensa. Viniendo a Argentina, en la Reforma Laboral, uno de los artículos le pega de lleno al estatuto del periodista. Qué malas noticias para los que se dedican a hacer prensa, y a la vez que buena, para los que basan la información en las redes, y su dinero en la cantidad de reproducciones y seguidores.
El párrafo anterior, sirve como marco de referencia para lo que aconteció en el festival más federal de rock, donde casi no hubo críticas en medios tradicionales o digitales, sino que todo se posó en creadores de contenidos que en fotos y carruseles reflejaban lo que estaba pasando. Por ende, todo era Shiny Happy People. Pero haciendo un breve pantallazo de lo que sucedió en los escenarios llegarán a la conclusión que los cruces, algo que tanto marcaron a modo picazón de abejas los locutores radiales y televisivos que llevaban adelante la transmisión del festival entre cantantes de diferentes bandas o invitados sorpresas fue para manifestar que, si el rock no se pone a escribir y hacer discos nuevos, la famosa una que sepamos todos los va a terminar sepultando. Porque el famoso Feat para lo único que sirve es para revivir una canción. Mientras todo era felicidad, abrazos y gente feliz brillante de risa, Franz Ferdinand, dejaba un cráter difícil de tapar. El rock de exportación argento de hoy toca para argentinos que están viviendo en el exterior, porque para aspirar a festivales grandes les va a llevar años. Hay, excepciones como Los Fabulosos Cadillacs, pero en esta edición de montaña no estuvieron.
El que si toca en eventos masivos en el extranjero y que fue parte de la programación es Fito Páez. Pero el músico rosarino estuvo más preocupado en querer demostrar que la música se disfruta más sin celular que en hacer valer sus temas nuevos. Si bien, Páez sigue generando discos nuevos, su carrera parece que se estacionó en Circo Beat, álbum aparecido a finales de noviembre de 1994. Gracias a ese dispositivo electrónico mucha gente del público pudo saber que la primera canción que tocó fue Folies Veghet de La La La, el disco que hizo con Spinetta (Q.E.P.D) en 1986. En ese reconocimiento a lo que es la música argentina en una parte de esa especie de disertación que hizo durante su set, se olvidó de Litto Nebbia, el creador de La Balsa, el de Los Gatos, que tocó en Lollapalooza pero nunca en esta latitud serrana. Nebbia tuvo su momento de gloria de la mano de El Kuelgue, y eligió Solo se trata de vivir, de su amplio repertorio, para recordarles a los que están en la cima y se olvidaron de ese público que en algún momento llegó a vender todo lo que tenía para ir a ver su banda favorita, que la fama es puro cuento.
Muchos rockeros bonitos que quieren hacerse los chicos malos en algunas entrevistas en las pocas radios de rock que quedan, después se convierten en ovejitas complacientes del sistema porque nadie quiere quedarse afuera del gran circo del rock argento, que dicho sea de paso está monopolizado por una sola empresa, es decir, una sola compañía discográfica. Si bien Lali es de Sony, la pelea con Javo le dio una fuerza que si no la plasma en mejorar su música va a terminar siendo un fenómeno que dure, lo que un cruce de opiniones en X. Lo bueno que tiene esta artista es que logró público propio, que por esas contradicciones que tiene este bendito país, votó al presidente actual, y que deja todo para ir a verla creyendo en esas oraciones sueltas de sus canciones, como si fueran palabras santas.
El que perdió terreno a pesar de los grandes logros que tuvieron en poco tiempo, es el trap, para decirlo de alguna manera, el ritmo urbano. Aunque lo de Dillom fue monstruoso, no en términos despectivos sino como adjetivo calificativo. El power trío que lo acompañó, compuesto de batería, bajo y guitarra, demolía el cuerpo y cuando él agarró la guitarra demostró que no solo es un artista de paso, sino que tiene conocimientos como para pegar un volantazo en caso de que lo agarre la marea baja. La desfachatez fue demostrada cuando dijo “Nosotros somos Ciro y Los Persas”. Al ex líder de Los Piojos se le dan ciertas concesiones como a otros músicos, entre ellos el volumen de su set. Lo que no se dan cuenta los organizadores es que el tiempo pasa y el público se va renovando. Es decir, a pesar de las banderas, y el recibimiento, muchas canciones cansan. Trueno, no tuvo la misma bienvenida de otros artistas de igual género y León Gieco le dio prensa, pero no público. La aplanadora Airbag sobrepasó todo lo establecido. De ser tomados en cuenta como los chicos que quieren hacer rock, a ser la banda que da cátedra de rock.
Si bien no leí ninguna encuesta, la sensación es que una parte de los que se congregaron el 14 y 15 de febrero en Santa María tienen experiencias en otros tipos de eventos internacionales que se hacen en nuestro país, lo cual es bueno para que los productores vean que por más renombre que tenga la banda, un show de una hora, hora y media está perfecto. Divididos, repetía lo mismo que en ediciones anteriores y el público empezó a irse porque largaba la banda de los hermanos Sardelli.
El celular fue la gran vedette del fin de semana. Todos querían esa imagen que reflejara el momento que estaban viviendo, que estaban siendo parte de la emoción, que su estado era de remanija como decía una locutora de la radio de puro rock nacional. Los slogans venden eso y el público lo compra con el ticket. Sería bueno, que, en el momento de hacer balance, desmenucen lo que vieron para ir creando una conciencia crítica, porque si no siempre van a vivir de los slogans.
Volviendo a la muerte del crítico de rock, como así también del periodismo de rock, en un momento las conferencias de prensa eran para debatir sobre música con colegas y músicos pero después pasaron a ser solo para grabar saludos para el medio, sacarse una foto para las redes sociales y hacer preguntas banales. El periodista se convirtió en público y el rock en negocio. Los mismos que hablaban de arte festejaban con los cronistas la cantidad de estadios o teatros que habían realizado. Encima el banquete de pordiosero era la cerveza que te daba la empresa auspiciante del evento. Lo que era la panacea se convirtió en tragedia. Los periodistas fueron cambiados por creadores de contenido o instagramers. Acá el negocio es más mercantilista y a la vez más expuesto. Así como el medio legitimaba al crítico, sin importar si éste era bueno o malo en su tarea, en la nueva forma de comunicación, el poder radica en los seguidores que tenga cada uno. De esta forma, todos buscan congraciarse con sus audiencias y por ende, con las marcas.
Un crítico de lo que sea, lleva un tiempo de formación, pero por ahí un ser humano con inquietudes, es lo más conveniente. La búsqueda siempre está presente en cada minuto de nuestras vidas. La diferencia radica en cómo cada ser humano vive esos 60 segundos. Lo importante es no dejar de leer, escuchar y ver. No importa el trabajo que estés haciendo.
Texto: Carlos Rolando
Edición: Sandra Peralta





