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Traslasierrarock 2025 - OYR

Un grito de rock en la montaña de Traslasierra

24/03/2025

Roberto

Era niño, no había conocido el “Estadio Azteca”, vivía con padre y madre músicos, por ende, era habitual tener en mis manos revistas de rock, como así también discografía del género. Muchas de las cosas que leía, no las entendía, por mi corta edad, pero cuando adquirí más conocimientos, es decir, terminada la primaria, luego de ingresar a la  secundaria, volví a repasar esas lecturas para empezar a ser ese público de rock que quería convertirse en periodista. Dicho esto, paso a lo importante. Una de las cosas que más me quedaron sobre crónica periodística es la que hizo Roberto Pettinato sobre una de las ediciones del Festival de La Falda. Lo llamativo es que no escribió nada sobre el evento, pero si lo hizo sobre el viaje en colectivo desde Buenos Aires hasta la ciudad serrana. En NosoyRock, mi primer libro intenté recrear algo de esto, al narrar mi experiencia yendo a ese festival con un primo de mi mamá que venía del exilio y que a mitad de camino, el Falcon en el que íbamos se quedó sin luz. Lo única solución posible era medio cuerpo mío afuera de la ventanilla, alumbrando el camino con una linterna. En tiempos donde se impuso de nuevo la idea de delatar al que manifiesta y las recompensas que no son para nada despreciables, tengamos en cuenta que la persona que delató a Dominguito, fue su propio padre. Por suerte, la actuación de mi abuela materna y familia, se pudo salvar y hoy no está en el grito de 30 mil desparecidos presentes.

Analía y la “hija” de Lía

Un error de cálculo en las paradas del colectivo, seguí de largo y me bajé en pleno centro de San Javier. Mi lugar de residencia quedaba a unos largos metros de ese lugar. La primera enseñanza de esta travesía, nunca le preguntes a un lugareño información, sobre todo si es empleado de la comuna, porque seguro que te manda para el lado equivocado. Remediada la orientación, con el GPS mental en camino certero, viendo que el cartel indicador no aparecía, me cruzo del lado contrario, entro a una gomería y escucho: “Carlitos, que hacés acá”. Era Analía, la ex secretaria de Carlos Vicente, un ex dirigente estudiantil, que, estudiando abogacía, encabezó una de las primeras marchas en Córdoba, estando en dictadura pidiendo democracia. Después, se unió a lo que fue el Frente Grande, se convirtió en legislador por el Partido de Luis Juez, pasó a ser viceintendente con Daniel Giacomino y hoy volvió a su estudio de abogacía para seguir litigando causas de delitos de lesa humanidad.

Analía, en toda la etapa política fue su agente de prensa, por ende, tenía contacto directo con ella, porque era el productor periodístico de Ricardo Césari y tenía que pautar con esta persona los horarios de entrevista. Cuando Vicente vuelve al estudio de abogacía, Analía entra al ENACOM, hasta que este nuevo gobierno decidió mandar los patrulleros de la Policía Federal para decirles que se quedaban sin trabajo. Alquiló su casa en Córdoba y se fue a vivir a una casita que se construyó, antes de llegar a San Javier. Estaba en ese comercio, chequeando la presión de los neumáticos de su auto, con la compañía de su vecina: la “hija” de Lía, una psicóloga infantil que conocí nadando. No éramos compañeros de andarivel, pero compartimos diversas charlas. Su entonces niña adolescente venía a buscarla a la pileta para volverse juntas a casa. Hoy, es antropóloga y también dejó las luces de la gran ciudad.

Tía Pituca

Gracias al aventón de Analía, llegué al Hostel, me instalé y fui en busca de las primeras cervezas de la jornada. La hora indicaba también algo para almorzar. La idea era una picadita que se convirtió en una porción de pollo asado con rusa casera. Lo llamativo de este lugar es que en una casa de una habitación convertida en supermercado encontrás desde el que va a comprar 100 gramos del queso cremoso más económico hasta el que busca un vino de alta gama, tiene para ambos gustos, incluso para bolsillos flacos como el mío, que buscaba una cerveza término medio a buen precio. Mi sorpresa fue el packaging que me dieron con la comida. “Los Angeles, no San Javier”. Como dicen en mi casa, en los lugares que menos esperás, te llevás el gran sonido.

 

Packaging - OYR

 

Uriel

Mi compañero de almuerzo fue Uriel, un profesor de yoga, que hace musicoterapia con el uso de cuencos y que tiene a su padre en Mar del Plata y a su madre en Uspallata. Después de pasar cinco años en Traslasierra, está en busca  de nuevas experiencias y sobre todo, en perfeccionar su profesión. Por eso, tiene rumbo a Tailandia, pero antes tiene que hacer base por unos días en la ciudad feliz y en la mendocina para saludar a ambos progenitores. La venta de su moto y algunos elementos más, son la fuente de financiación para esa aventura.

Grisel, Juan Pablo y León

Experiencia vida maga es el proyecto de Grisel, Juan Pablo y su hijo León, de tan solo tres años. Son rosarinos, Grisel, es artista visual, Juan Pablo es maestro mayor de obra y un día decidieron vender todos sus muebles, alquilar su casa que construyeron en Rosario, comprar un motorhome y salir a recorrer Argentina. El método de supervivencia son unas hermosas artesanías que elaboran y que venden en la feria de Villa Las Rosas. Mendoza, es uno de sus próximos destinos. En, un intercambio de ideas sobre este cambio de vida, una de sus prioridades es una vida mejor para León y el puntapié que los llevó a realizarlo fue la lectura que hizo Juan Pablo de ¡Chau loco! Los hippies en la Argentina de los 70 de Miguel Cantilo.

En busca de una salida a la represión y la violencia que explotaban en las grandes ciudades, y también en dirección al centro de la propia conciencia. El Bolsón fue el lugar elegido por jóvenes como Miguel Cantilo, integrante del dúo Pedro y Pablo, quien en su libro ¡Chau loco! Los hippies en la Argentina de los 70 cuenta esos años de vivir en comunidad, practicar el amor libre y ampliar la conciencia con LSD y marihuana.

 

Motorhome de Grisel, Juan Pablo y León - OYR

 

Nunca Más

El párrafo anterior sirve para meditar algunas ideas sobre todo teniendo en cuenta que el 24 de marzo el pueblo argentino grita “Nunca Más”. Una de mis grandes sorpresas de este viaje fue ver a la persona que atendía la cantina del Traslasierra Rock Vol. 8, con la remera del Nunca Más como así también el símbolo de las Madres en algunos negocios.

El rock argentino no fue tan contracultural en la dictadura como si a principios de los 70. Gran parte de los artistas, músicos y gente de la cultura se fue al exilio estando un gobierno democrático, el de María Estela Martínez de Perón, amenazados por la “Triple A”. El rock a pesar del uso de metáforas en sus canciones, el cambio de la persona en la oración, no fue tan perseguido como los folcloristas. Los americanos hablaban del folk, por ende, los de verde que seguían sus instrucciones, iban con todo lo que fuera guitarra, bombo y violín y que cantara canciones entendidas como subversivas. A pesar de esto, surge una nueva corriente, la del folclore de derecha, pero lo dejo para otro viaje. Busquen en la sección fanzines de este sitio, “El día que velaron a Charly García en el CCK, que van a terminar de entender un poco más sobre rock y dictadura.

 

Remera Nunca Más - OYR

 

Volviendo a Miguel Cantilo, la primera experiencia en comunidad y antes de que se fuera a vivir a El Bolsón, se dio en pleno Barrio de Belgrano, cercano a la casa de Luis Alberto Spinetta, para ser más exacto en Conesa 2563. Con Jorge Durietz no tenían sello para grabar y se instalan en esa casa. De ahí el nombre de Conesa, disco aparecido en 1972 con temas como “Padre Francisco”, “Apremios ilegales”, “Catalina Bahía”, “El Bolsón de los cerros” y “El alba del estío”, entre otros.

En una entrevista, le preguntan a Cantilo sobre cómo había sido esa experiencia en ese lugar y responde:

—Era una vida familiar. Todos éramos parejas, gente joven. Había artesanos, músicos, gente de teatro. Además, la llegada de los integrantes de La cofradía fue un aporte, porque venían con una idea cabal, sobre todo Rockambole, de lo que eran las comunidades artísticas. Había pautas que venían como de otras sociedades, pero La cofradía tenía eso muy en claro. Entonces lo trajo a la casa.

Litto

El autor de Viento dile a la lluvia, no estuvo en el Traslasierra Rock, pero aprovecho para citarlo porque fue el agua que cayó del cielo lo que reprogramó un festival que venía muy trash por las bandas que subían al escenario y que no eran acorde al público familiar que había. Los intermedios se hacían largos, el MC no convencía porque la gente quería escuchar música, hits y no alguien que le cuente la penuria del día. Cuando las nubes se disiparon, apareció sobre el escenario Romapagana, la banda que lidera Andrea Prodan, el hermano de Luca y la cara de la gente se iluminó. Es menester destacar que Romapagana no hace ningún tema de Sumo, solo al final, Andrea incluyó una breve partecita de Mula Plateada. El sonido es aplanador y podría estar jugando en las grandes ligas. Sin embargo, lo que les juega en contra es que la mayoría de sus canciones son en inglés. Vuelve al axioma que es más fácil componer en inglés que en español.

El set fue contundente y cuando se bajaron del escenario los cuatros integrantes, empezaron a subir las bandas que hubieran estado perfectas para las previas. Sobre todo, la de blues. Pero, el gran trabajo que van a tener que hacer los organizadores es tratar de buscar los fondos a través de aportes privados, municipales y provinciales, para evitar que los concurrentes paguen la entrada. A pesar de que el costo del ticket en puerta estaba a cinco mil pesos y tres mil en la previa, el que asiste a este tipo de eventos paga para ver una banda nacional o internacional, pero no para una local. Es una de las máximas del rock. Lo mismo les pasa a las bandas under en Capital Federal, hasta que llegan al estrellato, y ahí si empiezan a ver que los seguidores, que antes se quejaban por tener que abonar para verlos, ahora lo hacen sin problemas.

 

Romapagana - OYR

 

Ricardo y Mario

La crew de Romapagana, incluyó a Mario Ferrarese y Ricardo Curtet. Fue muy reconfortante ver a dos próceres de la cultura rock argentina. El primero fue el precursor en nuestro país de lo que luego se conoció como “radio collegue”, es decir, radios FM independientes, la mayoría universitarias, sobre todo en Estados Unidos, que pasaban rock, entre otros estilos. Dice Wikipedia: En el año 1970 comenzaba sus transmisiones radiales Mario Ferrarese, en amplitud modulada (1660 kHz), desde su casa natal frente a la Plaza central en la ciudad de Hurlingham, pleno centro de la zona noroeste del Gran Buenos Aires, constituyéndose en el primer antecedente nacional de las luego llamadas radios alternativas y una de las primeras del mundo. Hasta agosto de 1976 la emisora continúa ininterrumpidamente sus transmisiones locales, pero dadas las condiciones políticas imperantes, debe suspenderlas hasta diciembre de 1983, fecha en que retorna a la actividad”

“No existe pasado, ni futuro, todo es un presente continuo”, repite convencido Mario Ferrarese. Desde 1998, la FM Triac está en el aire desde Los Hornillos y se ha convertido en una especie de escuela para gran parte de los pobladores de Traslasierra que la escuchan también a través de su sitio web.

Ferrarese no conoció a Ricardo Curtet en Hurlingham, pero si en traslasierra. Curtet fue el primer guitarrista de Sumo y formó parte de “Time, Fate, Love”, el primer disco de Luca Prodan.

Curtet, se vino a vivir a Traslasierra, en plena dictadura, porque sus padres tenían miedo de que a sus hijos les pasara algo por los discos de rock que escuchaban, a pesar de que carecían de ideas políticas. En ese mismo lugar llegó Luca que venía huyendo de la heroína a intentar tratar tener unos años más de vida. La alquimia se dio, la música afloró, pero cuando Luca se va a Buenos Aires, Curtet se queda porque tenía una familia que mantener. No dejó la música y viajó por diversas partes del mundo tocando con grandes músicos.

“Una vez en Río de Janeiro, un americano que estaba reloco, me decía Ricardo Mollo, No le pude hacer entender hasta el día siguiente, que se le pasó la borrachera, que era Curtet y no Mollo”, comienza diciendo Curtet frente al mostrador de El Chulengo.

“Me pusieron dos stents y tengo que ir a ver al cardiólogo para ver si puedo viajar en avión, porque tengo una serie de actuaciones programadas en España. Y estoy escribiendo un libro, dónde también cuento los años que toqué con Pajarito Zaguri, otro prócer de la música argentina”, cierra Curtet la charla.

Memoria

El Traslasierra Rock que va en su octava edición, se lleva a cabo en esta fecha, es decir, cercana al 24 de marzo, para reflexionar sobre lo que ocurrió en nuestro país el 24 de marzo de 1976. Por eso, gente que integra la Comisión de la Memoria se acercó al micrófono para reflexionar sobre este día.

La que se quedó en su casa y no fue con la gente de Romapagana, fue la pareja desde hace muchos años de Ricardo Curtet. Ella fue una de las que declaró en el juicio contra el genocida Luciano Benjamín Menéndez, el hombre fuerte del Tercer Cuerpo de Ejército. Como buen pajero y viendo que, en la vida real, no podía tener a su lado, una mujer como ella, en el campo de prisioneros, a modo de cortejo, le regala un chocolate, estando ella con una venda puesta en sus ojos. Cuando recibe el dulce, logra levantarse lo que le tapaba la visión y pudo reconocerlo. Por esas cosas de la vida, su pareja en ese tiempo, no era Curtet sino Héctor Grillo, un actor bonaerense que se vino a vivir a Córdoba y que murió en 2007. Es decir, el abuelo de Pablo, el fotógrafo alcanzado por una granada de gas lacrimógeno, lanzada por un efectivo de las fuerzas policiales, en una marcha de los jubilados al Congreso de la Nación.

 

Hostel Al Infinito - OYR

 

Santiago

Santiago, es el propietario del Hostel Al Infinito, lugar dónde me alojé. El sábado estuvo en el festival y el domingo durante el desayuno nos pusimos a hablar de música. Entre los cruces de opiniones, lanza una hipótesis que puede llegar a ser teoría. La de cómo los Redondos atrasaron al rock argentino, de que en algún momento fue más importante el ego del Indio que la música que hacían, la de cambiar recital por misa ricotera, la de incorporar los elementos de las canchas de fútbol y de la forma en que usaron y usó Carlos Solari a su público a pesar de los hechos de violencia que sucedieron en sus presentaciones. Para nada descabellada y era algo que venía pensando y trabajando. Incluso en un programa radial que conducía Daniel Miraglia, por la FM de Nacional Córdoba, expliqué la forma de elaboración de prócer similar a Juan Domingo Perón, que usó Solari para seguir generando dinero y adeptos desde su autoexilio, por decirlo de alguna manera, que le impuso su enfermedad.

Volviendo al inicio

No creo haber colmado mis expectativas, pero no quiero cerrar esta crónica sin dejar de mencionar a Luciana y Claudio, dos rosarinos que también fueron en busca de paz, a Piedra pintada y estaban en el festival con su puesto de hamburguesas. Y reverencia a la gente de El Chulengo: Scottie, Noe, Laura, Amparo y en especial a ese chef de la hostia que se instaló en La Travesía que es Rodrigo Sturtz. Estómago lleno, corazón contento con ese sándwich de vacío al vino tinto. En el puesto de El Chulengo también estaban Checho y Andy, dos films makers de Merlo, San Luis y Fabrizio, el fletero que tiene Rodrigo para ocasiones como éstas.

 

Team El Chulengo - OYR

 

Mención aparte, para los choferes que me llevaron y trajeron desde Córdoba a San Javier y viceversa, de una empresa de transporte que condujeron con gran maestría en los dos viajes bajo una intensa lluvia en las Altas Cumbres.

Resta ver cómo terminó la historia de amor entre Pablo, un músico cordobés, y una chica radicada en España, pero que estaba visitando a su familia en Mina Clavero. Se conocieron en La Boca, Buenos Aires y se volvieron a ver después de varios meses en esta localidad serrana, Pablo fue mi compañero de asiento en el tramo Mina Clavero – Córdoba. Su arma de conquista era la guitarra que llevaba consigo. En la música sino hay amor, que no haya nada. Al igual que en el resto de las cosas de la vida.

 

Luciana y Claudio - OYR

 

Raúl

Raúl Porchetto escribió Bajaste del norte, cuando tenía 16 – 17 años, en una casa que tenían sus padres en Villa Carlos Paz. Todos se la atribuyen a León Gieco, pero no lo es. Por eso, a modo de mantra para los que se animan a bajar del lugar que sea para buscar una mejor vida:

“Bajaste del norte /sin más que cuatro hijos /y aquel cielo de tus ojos /y una mujer que te aprendió a seguir /Buscabas el peso/ sin darte por vencido /más al final de cada día /las manos vacías/volvías a encontrar/ Por eso te entiendo /cuando en un vaso te vas/quien sabe adónde/buscando eso que llaman paz/Y aunque sabes que te dicen/viejo borracho sos tan bueno/que ni siquiera al diablo los mandas/ los mandas.”

 

Cualquier queja o felicitación, se la hacen llegar al jefe de redacción:

Gatito - OYR

 

Texto: Carlos Rolando

Edición: Sandra Peralta

La cobertura del Traslasierra Rock se hizo con todos fondos de otrasyerbasrock.com. Es decir: no existió el famoso canje.

 

 

 

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